HACIA UNA POLITICA ENERGETICA REGIONAL
Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida.

Lo que aquí escribimos es un ensayo de ideas y propuestas aun incompletas y que esperamos se vayan enriqueciendo. Es nuestra visión, el conocer la region, más el aprendizaje que hemos tenido de experiencias internacionales, durante la campaña Patagonia sin Represas y  en el trabajo de la Comisión Energética Regional y los grupos técnicos e información levantada por el  Ministerio de Energía.
La Región de Aysén contiene grandes potenciales energéticos en biomasa, hídricos, eólicos, geotérmicos y mareomotrices. Sin embargo en ella se pagan tarifas energéticas altas y poco equitativas y existen serias deficiencias,  mientras esos potenciales son codiciados para megaproyectos y la demanda nacional – transnacional (mineras). Otro importante potencial es el de eficiencia, ahorro energético y negawatts. La actual matriz de consumo de energía en la región es principalmente para calefacción -cocción (bajas temperaturas, en condiciones de alta ineficiencia)  y transporte (aislamiento- grandes distancias y dependencia de productos de la zona central) . Esto es leña, habitualmente no seca y derivados del petróleo. La electricidad ocupa solo 4% de esa matriz. Esto por su alto precio de un sistema mediano  monopólico deficientemente regulado -planificado por la Comisión Nacional de Energía. Ese alto precio se debe además a la generación con petróleo y redes de transporte y distribución antieconómicas.
 Una política regional de energía debe ser para la región y sus habitantes, no para sacrificarla por intereses externos. El desarrollo energético regional debe ante todo solucionar los problemas propios, costo, dependencia, contaminación, equidad, abastecimiento a los sectores rurales. Y esto en forma armónica con nuestro medio ambiente privilegiado, respetuoso de la cultura y otros sectores de la economía regional. Por ende, debe ser sustentable. La exportación de energía regional no puede ser prioridad. Es más,  la realidad energética nacional esta mostrando que no es necesaria y si llegase a serlo  realmente, no puede convertirnos en zona de sacrificio. Por ende, vemos el futuro energético regional en las energías renovables no convencionales, ERNC, lo cual es perfectamente factible y viable. Las energías convencionales no renovables se aceptaran solo como transición.
La leña y subproductos madereros continuaran siendo importantes, aunque en su versión 2.0, secos y de manejo sustentable del bosque. Eso implica un manejo respetuoso de ese bosque, mayor reforestación y forestación de centros urbanos consumidores. Parece posible ir reemplazando  combustibles derivados del petróleo por vehículos y embarcaciones  eléctricos y con hidrogeno. Tal vez también algo de biocombustibles (nabos forrajeros). Chile tiene  interesantes perspectivas de fabricación y uso de baterías de litio para la acumulación eléctrica.  Aisén tiene la posibilidad de transformar y agregar valor a su potencial energético y aguas de calidad convertidos en hidrógeno. Esta sería una forma de exportar energía con bajos impactos. En algún momento como país deberemos ver la forma de evitar la dependencia del petróleo, recurso no renovable importado y en vías de agotamiento. Su actual bajo costo tiene fecha de caducidad.
La electricidad debe tener un lugar de mayor importancia en la matriz y en la diversificación y reemplazo  de combustibles contaminantes en ciudades y poblados. Su generación  debe ser 100% ERNC, en centrales pequeñas hidroeléctricas, eólicas, mareomotrices, geotérmicas,  distribuidas a lo largo de la región, cerca de lugares de consumo y cuidando el impacto. Se debe eliminar la multa por sobreconsumo invernal que inhibe el uso de esta energía limpia. La demanda regional hace innecesarias las megacentrales, las  que solo provocarían la centralización, dependencia, aumento de riesgos e impactos indeseables. Es necesario recuperar los derechos de agua concentrados en grandes empresas foráneas en algunas cuencas y modernizar centrales antiguas. Es necesario el reemplazo de termoeléctricas petroleras de respaldo  por otras de biomasa (desechos industria de madera) ubicadas fuera de los límites urbanos. Esto incidirá en bajar los  precios de tarifas y mover la economía local. También, a futuro,  está la posibilidad de centrales con hidrogeno. 
En cuanto a equidad, insistimos en una tarifa eléctrica única nacional. Asimismo es necesaria la equidad en el precio de combustibles; así como se exime el pago del impuesto a grandes empresas, inclusive transnacionales, también se podría eximir a las zonas extremas.
Así como en el tema combustibles es necesario evitar la dependencia, lo mismo ocurre en  la generación eléctrica, las grandes distancias regionales vuelven antieconómicas las líneas de transporte en sectores de baja densidad. Es mas lógico para algunos centros poblados y en el área rural el abastecimiento por mini o  micro-hidros, pequeñas eólicas, geotérmicas, solares. Estas requieren asesoría, incentivos y servicio  técnico y de mantención.
En cuanto al potencial de eficiencia y ahorro la prioridad es el acondicionamiento térmico, en esto además de los subsidios, vale incentivar el “hágalo Ud. mismo” o “ayúdese a Ud”. mismo. Además es necesario incentivar la arquitectura solar pasiva y que el Estado de el ejemplo en sus edificaciones y en aquellas sociales que construye.
Estamos seguros que Aisén perfectamente  puede ser un ejemplo de política energética sustentable, participativa, futurista, líder en innovación tecnológica y respetuosa de su ser de Reserva de Vida.

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