CATASTROFES “NATURALES”

Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida.

No suficiente con el desastre de los incendios, las noticias nos traen varios más y ya parece masoquismo. Catástrofes “naturales” según algunos. Como la Presidenta que calificó así los incendios y como el artículo de actualidad que leo sobre  la sequia en Kenia, el humo de Mongolia, los tornados en Nueva Orleans, la plaga de cogollero de maíz en África, la desaparición del Mar Negro (el de Aral ya lo está), los corrimientos de tierra en Bali y un agujero bajo la vivienda del primer ministro australiano. ¿Que tan “naturales” son estos desastres, o no será que son parte y consecuencia del actuar poco natural o antinatural humano? ¿Qué tan natural es el cambio climático, que hace aumentar la temperatura del planeta 170 veces más rápido que lo natural, como lo acaban de calcular unos científicos?
A la lista anterior podríamos sumarle otros desastres mas, las nuevas floraciones de algas “nocivas” en el sector del Golfo de Penas y Fiordo Aisén y otras definitivamente nada de naturales, como lo son la radiación de la ex central nuclear de Fukushima que se expande por todo el Océano Pacifico (¡y esa sí que es catástrofe mayor!), y el riesgo en que se encuentra la represa de Oroville en California, que ha llevado a evacuar sobre 160 mil personas. Estas últimas noticias extrañamente poco difundidas por los medios nacionales.
Como ya nos enseñaba hace años  Don Hernán Contreras Manfredi, las catástrofes naturales y “naturales” van en aumento. Eso por la artificialización, por la cada vez  mayor densidad humana en todos lados y los efectos indirectos de nuestro actuar, como son el cambio climático, la contaminación y la desertificación. Si los humanos hacemos caso omiso de las leyes naturales, comportándonos como plaga y muy presumidos nos pasamos desafiando las fuerzas de la Madre Natura, no nos podemos extrañar que nos manden unos coletazos, que el péndulo se vaya al otro extremo, que tarde o temprano nos llevemos un párele. Pero claro, la culpa siempre la tienen “otros”, llámese cambio climático, la “cruel” naturaleza o un dios castigador.
Y en cuanto a lo de Fukushima y Oroville; vale recordar como los “expertos” chilenos (que suelen ser parte del negocio) suelen asegurarnos que poner centrales nucleares en nuestro territorio seria gran solución y sin riesgo y las represas, por cierto, también son absolutamente inofensivas. Si en Japón y EEUU de NA, países con ingeniería de punta, medios suficientes y mayor seriedad,  pasan estas cosas ¿Ud. cree que acá no? Si quiere salir de dudas, puede verificar que pasó con el puente levadizo famoso ese. Y Fukushima y Oroville no son los únicos ejemplos. Hay listados de catástrofes nucleares, Chernobil entre ellas, por si cree que la ingeniería soviética era mejor .Y hay listados de fallas de represas; Vajont, en Italia con 2600 muertos, tal vez la más famosa. En el listado publicado en “Ríos Silenciados” aparecen 48 ejemplos de las que han cobrado más de 10 vidas desde 1860 y eso sin incluir los desastres en China de los últimos años, de los cuales poco se sabe. ¡Ahí, solo en la Provincia de Henan hubo más de 100 mil muertos en 1975! Y Oroville no es la única represa que ha fallado en EEUU en las últimas décadas, hay varias mas, sumando alrededor de 100 muertos. No en vano Joseph Ellam, Director de Seguridad de Represas de Pennsylvania,  decía en 1987 que: “Con excepción de las plantas de energía nuclear, ninguna estructura construida por el hombre tiene mayor potencial para matar a más personas que una represa”
Y pensar que por acá, en Aisén, se pretende poner represas en un lugar donde cruza la principal falla geológica del país, lugar plagado de volcanes, inclusive bajo uno de los lagos prístinos que pretenden embalsar. Embalse que quedaría a metros de un portezuelo que da a Puerto Aisén y del cual nunca despejaron las dudas geológicas y de riesgo pendientes. Sin embargo, se las arreglan para afirmar que no habría inducción sísmica, ni aumentan los riesgos. Y si la soberbia fuera poca, la solución consiste en ofrecer estaciones de monitoreo sísmicas y de caudales. ¿Y qué pasaría si una de esas estaciones marca, si es que alcanza, que se está viniendo abajo el dique del portezuelo, o que se está pasando de frentón el agua del embalse. O que está pasando por encima del portezuelo una avalancha piroclástica. ¡Seguro que, en caso de una catástrofe ahí, no cabe duda le echarán la culpa a la naturaleza, a los volcanes, al agua, a la lluvia milenaria, al terremoto!
En definitiva, no estaría demás un poco mas de humildad, mas cercanía e integración a la natura y aprender de nuestros errores. E incluso ¡asumir que errar es humano!

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