EL SERVICIO DE BIODIVERSIDAD Y AREAS PROTEGIDAS Y LAS SALMONERAS

Peter Hartmann, Director CODEFF Aisén, Presidente Agrupación Aisén Reserva de Vida.

Estas últimas semanas han sido álgidas en el tema marino con las “floraciones de algas” y consiguiente desastre ambiental y también lo fue en relación a la tramitación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, SBAP, en el Congreso, tema que cada cierto tiempo levanta polémica.

La ley que crea el SBAP está en trámite ya cerca de diez años, en los cuales ha recibido indicaciones surtidas y ha sido objeto de crítica, a veces de intereses poco transparentes. Como lo expresó años atrás una jefa de división del Ministerio del Medio Ambiente, “las fuerzas del mal insisten en torpedearlo”. La verdad es que ha sido un trámite complicado, en el cual también está en juego el futuro de Conaf, donde dos sindicatos se oponen. Por lo que entendemos, esa ley del SBAP debiera tramitarse en paralelo con aquella del Servicio Forestal y dejar en claro el futuro de esa corporación. Pero no ha ocurrido. Sin ser especialistas en el tema, hemos estado de espectadores, participado cuando ha sido posible (igual que ahora) y vemos con bastante interés ese nuevo servicio. Si bien tenemos dudas y críticas, entendemos que en la tramitación en el Congreso, las organizaciones de la sociedad civil y del mundo científico y académico han logrado modificaciones profundas y sustanciales, subsanando los temas que estaban siendo criticados, entre ellos aquel de la posibilidad de privatización de áreas protegidas. Y se dice en el gobierno están disponibles a aceptar esas modificaciones.

Conocemos bien de cerca la actual legislación e institucionalidad de áreas protegidas, diseminadas en varias leyes, disposiciones, servicios y en general con muchos vacíos y contradicciones. A eso se suma que somos de los países que menos invierte en esa protección y a nuestra nación esta parece no interesar demasiado.  Y la verdad es que las áreas protegidas están poco y nada de protegidas, una realidad con que nos topamos constantemente. Si bien es admirable el trabajo y mística de muchos en Conaf, donde tuvimos grandes maestros, como C. Weber, J. Rottmann, I. Benoit, Nelson Vera, Nelson Alvear, Dennis Aldridge y Claudio Godoy, se debe reconocer que esa corporación tiene sus limitaciones. También la visión o sesgo profesional que le imprimen los ingenieros forestales.  Siendo una corporación privada, suponía cierta independencia y que así podría atraer fondos externos, lo cual no ha sucedido. Mas bien hemos visto a esa corporación como brazo político gubernamental y a las órdenes de éstos en lo cual a la hora de defender el patrimonio natural siempre le pusieron la bota encima. Además, bajo esta figura jurídica poco clara funcionan dos mundos contradictorios; aquel maderero productivo y aquel de la protección.  Peor aún sucede con las áreas protegidas que no están bajo tuición de Conaf, en las  cuales a veces ni siquiera existe institucionalidad ni medios para realizar su labor, lo cual se supone seria subsanado con la existencia del SBAP. Por cierto que si el SBAP hereda  los males, inclusive desfinanciamiento, de sus antecesores, va directo al fracaso y entendemos esa es una de las principales inquietudes de quienes siguen de cerca la tramitación de la ley. No tiene sentido pasarle la protección de la biodiversidad y áreas protegidas al ministerio del Medio Ambiente, si este, por ejemplo, queda sometido a la bota del “Comité de Ministros por la Sustentabilidad” una suerte de inquisición de la sostenibilidad economicista. Está claro, que por ahí en las sombras, también hay resistencia a un nuevo servicio que complique la depredación y abuso a la biodiversidad que para algunos es buen negocio.  Está claro también que la Subsecretaria y Servicio de Pesca y Acuicultura no quiere que les quiten atribuciones. Esas en que poco hacen por cuidar la biodiversidad acuática y marina. De hecho ahí tienen también la convivencia contradictoria de producción y cuidado de la biodiversidad.

Vale recordar que la nueva institucionalidad ambiental contemplaba desde el Ministerio, el Servicio de Evaluación Ambiental, la Superintendencia Ambiental, los Tribunales Ambientales, quedando pendiente el SBAP. En este tiempo también surgen las áreas y parques marinos protegidos. Áreas marinas nada de protegidas al no existir institucionalidad, ni medios para ello, las que se prevén en el nuevo SBAP.

Uno de los ejemplos de la ausencia de protección (e institucionalidad) de áreas terrestres y marinas, es la existencia de salmoneras y sus consecuencias como la anoxia, FANs, basurales, escape de especies invasivas en y al borde de áreas protegidas, como ocurrió este último tiempo, sin que a alguien le importe mucho.  Estos aspectos y el conocimiento científico adquirido de que no conviene la existencia de salmoneras en fiordos, ni sectores prístinos cuya vida se desconoce, además, vale tenerlos presentes al otorgar concesiones y en la rezonificación del borde costero de Aisén.  

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