Peter Hartmann, Director CODEFF Aisén, Presidente Agrupación Aisén Reserva de Vida.

Del periplo de reuniones de hace unos días en Puerto Varas y Pelluco, surgieron y maduraron varias  ideas y reflexiones.

La primera, es sobre la ansiedad de algunos de que Chile pase a ser el primer productor mundial de salmón. Esto del “top one” mundial parece ser toda una obsesión, para lo cual no importarían sacrificios.  Si hasta de vez en cuando le mandan palos medio envidiosos a Noruega, primer productor mundial, cuando resulta que entre las principales empresas en nuestro litoral están aquellas de ese país y la mayor parte de las hipotecas de concesiones de mar, bien nacional de uso público, están en bancos noruegos. ¿Habrá salmoneras extranjeras en Noruega? En esto vale recordar que con el reciente traspaso de la salmonera Tornagaleones a CERMAQ, las concesiones en manos extranjeras en Aisén, según nuestros cálculos, pasan de 46 a 49%. Ahora, habría que ver que beneficios nos podría traer ser el primer productor de salmón del mundo, aparte de creernos importantes. Y la reflexión subsecuente es: ¿no habrá otros “ser primeros y ser mejores” mas importantes y consistentes, como ser los primeros en ingresos y beneficios con la venta de esos salmones? Eso significaría calidad, agregar valor, sustentabilidad. Vale recordar que hoy en día el salmón chileno es considerado en mercados internacionales (al menos en USA y Europa) como producto de calidad secundaria y por ende de menor precio que otros. Para que hablar de prestigio y sustentabilidad. En eso, evidentemente esta el dónde y como producen, tasa de empleados y contratistas muertos en faena, desarrollo local en donde producen, choques con cetáceos, respeto a áreas protegidas y pueblos originarios.  Entonces ¿No será mejor ser “top one” en sustentabilidad, responsabilidad social empresarial y calidad y por ende mayores ingresos, así como desde hace algunos días somos top de países de superficie marina protegida?

La segunda reflexión es sobre alternativas al monopolio salmonero en nuestro litoral. ¿Como no habrá nadie capaz en desarrollar alternativas de economía sustentable, no destructiva y de empleo digno en un terri-maritorio de cualidades y fama internacional excepcional? De hecho, ya existen algunos tímidos ejemplos como el cultivo de mitílidos, el cultivo de algas y producción de alginatos, la pesca artesanal sustentable y algunas experiencias en turismo; todas las cuales indudablemente dan para muchísimo más. Hace algún tiempo un Kg. de Puyes, esos que son comidos por los salmonideos invasivos, y mientras el Kg. de salmón estaba a US$ 5, costaba US$ 50. ¿No será mas rentable cuidar y pescar o cultivar puyes?  Si estas iniciativas tuviesen el apoyo de investigación científica, estatal y financiera que tiene la multimillonaria industria salmonera, otro gallo cantaría. Algo así como lo que fue la Fundación Chile en los 80s desarrollando la salmonicultura. Y claro, podríamos, por ejemplo, ser lideres mundiales en estos rubros, como la producción de agar- agar, minicruceros especializados, turismo e investigación marina, producción de peces nativos y seguro un cuanto hay más.

La tercera, es sobre el tema del valor de los servicios ecosistémicos, esos que se ignoran y que suelen ser afectados o destruidos por la intervención irresponsable en ecosistemas desconocidos, como ocurre en el litoral patagonico. Esto es parecido a cuando se valorizaba los paisajes afectados por HidroAysén y ese valor resultaba harto mayor a aquel de la energía a enviar al norte. Ese tipo de evaluaciones que se suelen hacer cuando ya es tarde. ¿Alguien ha pensado siquiera en con que línea base de ecosistemas marinos se va a comparar a futuro cuando ya este todo alterado? No olvidar que según estudios realizados por biólogos alemanes y el Centro Huinay, que muchos convenientemente hacen como que no existiesen, ahí a causa de salmoneras y sobrepesca bentónica, se documentó que entre el 2003 al 2013, en diez años, la biodiversidad disminuyó en 70%.  ¡Y eso no es menor!

 

 

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