Opinión

Actualidad de la Crisis Planetaria

Peter Hartmann, Director CODEFF Aisén, Presidente Agrupación Aisén Reserva de Vida.

Hartas novedades hay en estos días, aparte de lo del plebiscito. De hecho, acaba de finalizar la COP 28 en el feudo petrolero de Dubai y esto con esos típicos resultados tibiones a que ya estamos acostumbrados. ¡Si hasta se armó una discusión de si esas COP sirven de algo! La verdad es que entre que existan a que no existan, claro que sirven de algo ¡en especial para hacernos creer que se hace algo por evitar la crisis climática! La cuestión es que, esta vez la novedad fue que se atrevieron en plantear la necesidad de cortar el uso del petróleo y carbón, lo cual en definitiva, solo quedo en transición hasta el 2050. O sea, a todas luces no se logrará el objetivo de no superar el aumento de 1,5 grados Celcius, meta acordada en Paris el 2015. Esto, con sus consabidas consecuencias, esas que los países productores de petrodólares tienen medios con que enfrentarlas, pero otros, que no los tienen, no. Y la transición esa es a sabiendas de que la única forma que queda para lograr la meta es secuestrando gases efecto invernadero: eso es, plantando árboles, regenerando turberas y bosques de algas, y desarrollando tecnologías para enterrarlo, las cuales aún ni existen. O sea, chuteando la pelota hacia adelante sin saber dónde va a caer, mientras el estadio comienza a derrumbarse. Un tanto irresponsable y muy humano. Todo esto, mientras en China se descubrió un nuevo campo petrolero.

Y claro, mientras los petroleros se salen con las suyas en la COP, tampoco se hacen problema en seguir cuestionando la real existencia del cambio climático, distrayendo del problema y seguir haciendo de las suyas.

Junto al final de la COP, que paso bastante desapercibido, circuló una publicación sobre lo que esconden las baterías de un coche eléctrico Tesla y que causó bastante revuelo: Para contar con esas baterías, se requiere remover 12 toneladas de tierra para extraer litio, 5 tons. de tierra para extraer cobalto, 3 tons. para extraer niquel y 12 tons. de mineral para el cobre. Esto es, 250 tons. de tierra para sacar 20 kg. de litio, 16 de niquel, 26 de manganeso y 8 de cobalto. A eso se debe sumar 238 kg de aluminio y 60 de grafito. Súmese, que una de esas máquinas con que se extrae y mueve esa tierra o mineral consume 264 litros de diésel en 12 horas. Entonces, tenemos que esas baterías duran 10 años y se necesita 7 para amortizar su huella de carbono; o sea quedan solo 3 años de vida “verde”. Eso, sin revisar la huella del agua, la cual no es menor. Y claro, esto no implica que estemos promoviendo mantener el petróleo y carbón: sobre sus daños, consecuencias e impactos les aseguramos son harto peores aún. Tampoco significa que nos convertimos en fan del hidrógeno, la panacea que promueve la industria de motores a combustión para no quedar sin arte ni parte y que hasta ahora es bastante falsa. Tampoco significa que las placas y demás soluciones solares o las eólicas sean santas, solo para fabricarlas requieren de toneladas de materias primas y energía (petróleo, carbón).  Esto es, como en ese documental “El Planeta de los Humanos” de J. Gibbons y M. Moore, en que juramos que vamos a arreglar el problema energético con más de lo mismo; más crecimiento, más extractivismo, más impactos, más negocio; pero ahora de otro tipo.

La cuestión es que sabemos de hace un lote de años que este crecimiento y bienestar a lo “gringo”, solo lleva a sobre exprimir al planeta (los “recursos naturales”) y nos tiene en la actual cuádruple crisis y que la solución va por otro lado. El lado de cambiar el paradigma y modus operandis. Menos artificialidad, más natura. Esto es, contentarnos con un bienestar menor y más buen vivir, menor consumo de energía y recursos, menos consumismo, más cercanía y aprendizaje con y de la natura, más humildad y austeridad, respetar las leyes de la ecología y la naturaleza, colaboración en vez de competencia, olvidarse de las guerras, uso de bicicleta y transporte público, menos viajes,  menos industria y más artesanado, reciclaje y reuso de todo lo reciclable y reusable, economía regenerativa.  O sea, es un cambio cultural tremendo a lo que estamos acostumbrados. Un cambio, que implica hacer una revisión de todos nuestros actos diarios, comenzando por las decisiones políticas. Y la verdad es que eso no es tan fácil y menos aún cuando el sistema insiste cual zombie en ir hacia la autodestrucción.

Y claro, venimos propalando estas soluciones hace décadas y vemos como el sistema demora ese tiempo para llegar a reaccionar, como por ejemplo en algo tan sencillo como el compostaje y el uso de bicicleta y transporte público que recién están poniéndose en el tapete.  A propósito ¡las E -bicis son 20 veces más eficientes que los coches eléctricos!

En fin, ya lo dijo el Mahatma Gandhi hace décadas: “En la Tierra hay suficiente como para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia y codicia de algunos”.

 

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